Nos gusta la gente que confía.
La que llega con hambre y con tiempo. La que se ríe alto. La que pregunta de qué es el plato y luego lo pide aunque no lo entienda. La que descorcha vino un martes sin motivo. La que abraza al camarero la segunda vez que viene. La que llama para reservar y se queda un rato charlando.
Nos gusta la gente con un punto de locura. La que cree que la sobremesa es una forma de arte. La que se sabe los nombres de las plantas del local. La que pide la receta y luego la cocina mal en casa. La que se queda a ver cómo cerramos. La que vuelve.
Nos gusta la gente como el dodo. Curiosa, confiada, un poco ridícula y bastante feliz.
Si te has reconocido en algo de esto, bienvenido a casa.
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